La tipografía es la voz de tu marca cuando nadie la lee en voz alta. Dos textos idénticos pueden transmitir cosas opuestas solo por el tipo de letra: uno serio y de fiar, otro moderno y atrevido, otro barato y de andar por casa. Y casi nadie se da cuenta de por qué… pero lo siente.

Elegir bien las fuentes de tu marca no es un capricho de diseñador. Es decidir con qué cara te presentas cada vez que pones una palabra delante de alguien.

La letra también comunica

Una tipografía con remates (serif) suele transmitir tradición, solidez, confianza. Una sin remates (sans serif) tiende a sentirse más limpia, actual y directa. No hay opción mala, hay opción coherente o incoherente con lo que eres.

Una marca industrial sólida y una marca creativa juvenil no deberían sonar igual sobre el papel. Si lo hacen, algo chirría.

Cómo elegir sin volverte loco

  • Que case con tu personalidad. Vuelve a esos adjetivos con los que describes tu marca. La letra tiene que sonar a eso.
  • Que se lea, por encima de todo. Una fuente preciosa que cuesta leer es una fuente que no sirve. La legibilidad gana siempre.
  • Pocas familias, bien combinadas. Con dos tipografías —una para titulares y otra para texto— tienes de sobra. Más de tres y empieza el caos.
  • Piensa en todos los soportes. Tiene que funcionar en la web, en un folleto, en un cartel de feria y en un email. Si solo se ve bien en un sitio, mal vamos.

El error de ir cambiando

Hoy una fuente en la web, mañana otra en el catálogo, la semana que viene la que venía por defecto en la plantilla. Resultado: tu marca parece varias marcas. La coherencia tipográfica es de las cosas que más refuerzan una identidad… y de las más fáciles de romper sin querer.

Define tus fuentes, déjalas por escrito y haz que todo el equipo tire de las mismas. Aburrido, sí. Eficaz, también.

¿Tu marca usa siempre las mismas tipografías o cada documento es una sorpresa? Si es lo segundo, tranquilo: se arregla. Y si quieres, te ayudamos a poner orden.