Los zero-party data son los datos que el cliente comparte con una marca de forma voluntaria, consciente e intencionada: sus preferencias declaradas, intereses, intenciones de compra, contexto personal. La etiqueta —acuñada por Forrester— los distingue de los first-party data (los que la marca observa del comportamiento en sus propios canales: qué visitas, qué compras) y de los third-party data (los comprados a terceros, en extinción regulatoria y técnica).

Su valor ha crecido con el fin de la era de las cookies de terceros: ante un rastreo cada vez más limitado por privacidad y navegadores, los datos que el cliente entrega a sabiendas son el activo más sólido: precisos (los declara el interesado), legales (con consentimiento explícito) y relacionales: compartirlos es un acto de confianza que la marca debe corresponder.

Cómo se obtienen: con intercambios de valor transparentes. Los quizzes y diagnósticos (cada respuesta es una preferencia declarada), los centros de preferencias de la newsletter (qué temas quieres, con qué frecuencia), los configuradores y recomendadores de producto, las encuestas con propósito y los programas de fidelización que premian compartir.

Su regla de oro es la reciprocidad visible: el cliente da datos si recibe a cambio personalización real y útil. Pedir preferencias y seguir enviando lo mismo a todos destruye la confianza que costó ganar. Bien gestionados —integrados en el CRM y activados en la automatización—, los zero-party data son la base de la personalización post-cookies.