El brand awareness o notoriedad de marca es el grado en que el público conoce y reconoce una marca. Es la primera condición para vender: nadie compra lo que no conoce, y entre opciones equivalentes solemos elegir la que nos suena. Por eso la notoriedad es el cimiento sobre el que trabajan el resto de objetivos de marketing.

Se distinguen niveles. El reconocimiento (notoriedad asistida): el público identifica la marca cuando se le muestra («¿conoces esta marca?»). El recuerdo (notoriedad espontánea): la marca aparece cuando se pregunta por la categoría sin ayudas («dime marcas de seguros»). Y la cima, el top of mind: ser la primera marca mencionada, posición que se correlaciona fuertemente con la cuota de mercado.

La notoriedad se construye con alcance, frecuencia y consistencia: publicidad (el territorio clásico del above the line), contenido y redes sociales, relaciones públicas, patrocinios, presencia en eventos y una identidad corporativa distintiva que haga la marca reconocible al instante. Los activos distintivos —color, logotipo, sonido, tono— multiplican la eficacia de cada impacto.

Se mide con estudios de mercado (tracking de marca, encuestas de notoriedad asistida y espontánea) y, de forma aproximada, con indicadores digitales: búsquedas de marca en Google, menciones, tráfico directo. Un matiz estratégico: la notoriedad sin asociaciones es fama vacía; lo valioso es ser conocido por algo, que es donde la notoriedad conecta con el posicionamiento y el brand equity.