«Below the line» (BTL) designa las acciones de marketing y comunicación que no utilizan medios masivos convencionales, sino canales directos y segmentados: marketing directo, promociones en punto de venta, eventos, ferias, patrocinios, street marketing, activaciones de marca o email marketing. Frente a la publicidad masiva, el BTL busca el contacto cercano con un público concreto y una respuesta medible.

El término nació como contraposición contable al above the line (ATL): «la línea» separaba en las agencias los medios masivos comisionables (TV, radio, prensa, exterior) de las acciones facturadas por honorarios. Hoy la distinción se usa sobre todo para diferenciar la lógica de cada enfoque: el ATL construye notoriedad a gran escala; el BTL activa, convierte y fideliza con precisión.

Las fortalezas del BTL son la segmentación (se dirige a quien interesa), la medición directa de resultados (cupones canjeados, leads captados, ventas en promoción), el coste de entrada más bajo y la capacidad de generar experiencias memorables: una feria bien ejecutada o una activación sorprendente crean un vínculo que difícilmente logra un spot. Su límite es el alcance: no construye notoriedad masiva por sí solo.

Un territorio BTL especialmente potente para marcas B2B son las ferias y eventos: el stand es de los pocos espacios donde el cliente puede ver, tocar y conversar con la marca en persona. Cuando una campaña integra coherentemente ATL y BTL se habla de «through the line» (TTL), la aproximación habitual en las estrategias actuales.