El CTR (click-through rate o tasa de clics) es el porcentaje de personas que, habiendo visto un anuncio, un resultado de búsqueda, un email o un enlace, hacen clic en él: clics divididos entre impresiones, por cien. Si un anuncio se muestra 10.000 veces y recibe 200 clics, su CTR es del 2%.

Es el termómetro de la relevancia: mide si el mensaje conecta con la audiencia a la que se muestra. Un CTR bajo indica desajuste —audiencia equivocada, creatividad floja, titular que no llama, oferta irrelevante— y un CTR alto indica que el mensaje resuena. Las plataformas publicitarias lo premian: en Google Ads, un CTR esperado alto mejora el nivel de calidad y abarata el CPC; en redes sociales, los anuncios con interacción ganan distribución más barata.

En SEO, el CTR orgánico mide qué porcentaje de quienes ven tu resultado en Google acaban entrando: depende de la posición, pero también del título y la meta descripción, que funcionan como un anuncio gratuito y se optimizan como tal. En email marketing, el CTR sobre los abiertos revela si el contenido cumple lo que el asunto prometió.

Su límite: el CTR mide interés inicial, no resultado. Un clic barato y masivo que no convierte es tráfico vacío; titulares sensacionalistas inflan el CTR y hunden la conversión. Por eso se lee siempre en cadena con el CPA y la calidad de lo que pasa después del clic, empezando por la landing page.